Solo un pensamiento...


Las palabras dichas son llevadas por el viento y olvidadas la mayoría de las veces, pero las escritas no conocen de tiempo, son perennes. En honor a ellas; algunos de mis trabajos. 





miércoles, 4 de julio de 2012

Actriz venezolana, Elizabeth Morales:


“Por mi paz mental 
y la de mis hijos 
viajé 5.604 kilómetros”

A pesar de mantenerse en la cresta de la popularidad en la tv, Elizabeth Morales decide junto a su familia dar un cambio radical en su vida y residenciarse desde 2004 en Canarias, huyendo del principal problema de los venezolanos: la inseguridad.


Daniel Murolo 
Edición 46 Aniversario La Voz
El día llegó. Un profundo sentimiento de abandono la embargó, comenzó a llorar sin parar, sólo recuerda que cuando el avión despegó volteó a ver a su esposo, quien viajaba a su lado sosteniéndole la mano, “yo no sé de qué nos estamos salvando, pero nos salvamos”, le dijo.

Han pasado 8 años. A diferencia de muchas otras actrices, Elizabeth Morales no se fue del país en busca de su internacionalización, mucho menos huyendo de la fama generada por su trabajo en 17 telenovelas y un importante número de películas. “Me vine a Canarias por mis hijos, escapando de la inseguridad”.

Elizabeth se negaba a tener que educar a sus hijos tomando como base la prevención ante el alto indice de inseguridad, pues vivía en Caracas, la cuarta ciudad más violenta del mundo. “Cosas tan tontas como ir en el carro y armarle un lío a mis niños como si estuvieran cometiendo un gran pecado porque habían bajado la ventanilla o ir aterrada a llevar a mi hija al colegio, que quedaba a dos cuadras, porque habían secuestrado a un niño en la zona, era demasiado para mi”.

- Todo eso nos fue llevando a tomar la decisión de venirnos a otro país, donde no tuvieran que crecer mis hijos con tanto miedo, además rechazaba tener que educarlos con la convicción de que era algo normal, que creo ese es el problema en Venezuela, que cuando nos acostumbramos a que hay que vivir de esa forma llegamos a creernos que es normal.

Hoy día vive junto a su esposo, el también actor José Zambrano, en Santa Cruz de Tenerife, España. No ha vuelto desde entonces a Venezuela, pero asegura que sigue de cerca los acontecimientos que ocurren en su patria. 

“Yo me vine muy agobiada y obstinada, en un momento cuando no sólo el problema era la inseguridad, sino que todos los días habían protestas en Caracas, cierre de calles, las llamadas guarimbas, estaba muy saturada, lo hice por mi estabilidad emocional y la de mis hijos”, recuerda.

Morales, quien logró el reconocimiento como actriz en Latinoamérica por su actuación en Amor de Papel (coproducción con Antena 3 España),  Peligrosa y Ángel Rebelde (realizada en Miami), recuerda claramente cual fue el detonante para tomar la decisión de dejarlo todo.

Un día al llegar a su residencia se encontró con una amarga sorpresa: sujetos habían ingresado tras forzar la cerradura cargando con todas sus pertenencias. “Es horrible sentir que violaron tu intimidad, ver tu ropa interior en el piso y saber que alguien la manoseó, ver las pisadas (...) no sólo el vivir eso, es saber que esos delincuentes vieron como vivías, cuantos hijos tenías, sino que los pocos ahorros que teníamos entonces los tuvimos que gastar cerrando la casa como una jaula”.

Inmigrante privilegiada
Asegura que el proceso de adaptación fue fácil. “Me vine a un sitio donde ya tenía familia viviendo, para rematar muchos de mis grandes amigos de Venezuela ya se habían venido a vivir para acá, eso facilitó mucho el proceso”.

“Yo no me creía una diva en Venezuela, nunca, lo que sí me creía era que había nacido para ser actriz, para trabajar en teatro y cine el resto de mi vida, yo estaba canalizada que esa sería mi vida hasta que muriera; pero qué descubro al salir de mi país, pues que yo sí era capaz de vivir de otra cosa y no lo sabía, pensé que me iba a pegar, pero no fue así”. 

En Canarias a Elizabeth le ha tocado hacer de todo, “cosas que en Venezuela jamás imaginé que podía hacer: trabajar como asesor de seguros, vendiendo lineas tenefónicas, tuve un local donde sacaba fotocopias, enviaba fax, productos de regalos y hasta agente inmobiliario”, enumera entre risas.

En cuanto a su mundo, el de la actuación y el espectáculo, recuerda que al llegar a España lo primero que hizo fue tocar puerta en los canales locales. “Hice casting, pero cuando fui conociendo como era el medio aquí, supe que era imposible pretender vivir de eso, tengo una familia y debo trabajar en lo que sea, y lejos de molestarme o pegarme, me gustó. Al principio fue como una aventura, ya no lo es, es parte de mi vida”.

Trabajó como productora y presentadora en  Millenium MX, formando parte de un novedoso concepto en radio “Confidencias en un baño de damas”, para luego liderar el magazine matutino Buen Día durante dos años. Es cuando le llega la oportunidad de subirse nuevamente a un escenario

- Lo que hago como actriz acá es casi por hobby, hasta el momento he presentando dos obras “Monólogo con Ovarios” escrita por la venezolana Indira Páez y “Adictos” una pieza de José Enrique Padrón que muestra de forma cruda la realidad del consumo de droga entre los jóvenes.

En cuanto a regresar a su país, asegura que hasta el momento no se lo ha planteado. “No cambio la paz que acá tengo por nada, además sería muy difícil para mis hijos, cómo decirles que no pueden ir a una plaza a pasear con sus amigos hasta tarde porque es peligroso. Pero no digo que no, porque cuando yo estaba en Venezuela y veía a mis amigos que se venían para acá, yo decía que ni loca lo hacia y aquí estoy”.

Sin embargo asegura que añora la forma de ser de la juventud venezolana, “quizás no tiene la libertad de salir solos por la inseguridad, pero tienen otras cosas como la crianza y cultura que me gusta y tanto extraño”.

Porque mi salud está primero
Elizabeth no sólo tuvo que sacrificar su fama por el bienestar de su familia, sino también privarse de alguna de las cosas que más amaba hacer y degustar en su Venezuela. “Si me preguntas qué es lo que más extraño, te diría el olor del mar, porque aunque vivo en una isla (Tenerife, archipielago canario) acá no huele como en Venezuela (...) yo recurdo bajar hacia La Guaira y estando aún lejos de la costa bajar la ventanilla del carro y decir: que rico, huele a salitre a mar, aquí no”.

Recuerda igualmente la bahia de Cata, lugar donde desde niña -asegura- pasó todas sus vacaciones y luego de casada Higuerote y a la isla La Tortuga. “El platano, como lo extraño, aquí no lo hay,  me he acostumbrado a freir el cambur, porque para nosotros (los venezolanos) es un contorno casi obligado, a veces se consigue ya picado y cogelado, yo feliz como una limbruiz, me sabe a gloria”.   

Actor y escritor venezolano Leonardo Abreu


“El estrés de las colas me
hizo huir de Venezuela”

Estando en España, el también guionista comprendió que la vida es una sola como para perderla esperando, bien sea dentro de un automotor, en un supermercado o para tomar un autobús

Daniel Murolo 
Edición 46 aniversario La Voz 
El exilio económico y político que provocó la dictadura fascista del general Franco (1936-1975) obligó a la familia Abreu a cruzar el Atlántico hacia el nuevo continente. Llegaron a Venezuela procedentes de las Islas Canarias en la década del 60, acá encontraron paz y tierra fértil, echaron raíces, conformaron una familia.

“Quién iba a imaginar que después de tantos años sus hijos repetirían la historia, regresarían a Canarias”, reseña Leonardo, uno de los dos hijos que la familia Abreu crió y educó en Venezuela, “me regrese a España buscando exactamente lo mismo que mis padres hace 40 años: calidad de vida”.

Leo, actor y guionista de telenovelas, cumple ya 4 años viviendo en Tenerife. “Me vine buscando un poco de calidad de vida y es lo que he encontrado, no es que Venezuela no me guste, extraño muchísimas cosas, pero por mi salud mental y hasta física tuve que venirme, mis padres siguen allá, en Caracas”.

Asegura que vivir “haciendo cola” no es vida, “uno entiende que pueda haber congestión en las calles de Caracas de lunes a viernes, porque son días laborales, por la misma dinámica de la ciudad, pero cuando es sábado o domingo y la cosa no cambia, es demasiado”, reseña.

“Colas para todo, para ir al banco, para ir al cine, para tomarte un café, para entrar al cine, al teatro, sientes que la vida se te va en las colas”, reseña Abreu, quien vive en la actualidad en Cuesta de La Villa, La Orotava, una pequeña ciudad a los pies del Atlántico y a espaldas del volcán Teide, ubicada a 30 minutos de la capital Santa Cruz de Tenerife.

Pero más allá del tiempo que se pierde al esperar en fila, agrega que el problema de fondo es lo que esto genera en el comportamiento de las personas. “Ni hablar de todo lo que se ve en una cola, siempre está el más vivo, el que reclama, las amenazas, la violencia, es un circulo vicioso que estresa, que desgasta física y mentalmente”.

“Acá toca guapear y tratar de que la melancolía no te haga malas jugadas”, agrega el joven actor, tras recordar como extraña los cachitos y subir cada domingo el cerro Ávila “de donde se puede escuchar la ciudad, es algo mágico”.

A diferencia de otros venezolanos erradicados en España, Leonardo visita su país cada vez que puede. “Todo sigue igual, fui a Venezuela en diciembre, el problema no es político, es de idiosincracia, es social, lamentablemente y allí entra la inseguridad, ya no eres tan libre como lo eras antes y cada año que pasa uno es menos libre, lo triste es que la gente se está adaptando, cuando sales al exterior te das cuanta que vivir así, no es vivir”.

- Pasa como a los cubanos que nunca han vivido en democracia, mientras no salgan de la isla ellos están contentos, el problema es cuando pueden comparar, me pasó muchas veces cuando iba de vacaciones a determinado sitio y volvía, decía: por qué no podemos cambiar, intentas ser el ciudadano estrella pero te traga la realidad, terminas comportándote como  el resto.

Asegura que por esa razón aumentó la emigración de venezolanos. “Hubo una ola impresionante desde el 2000 que emigraron, recuerdo que cada vez que el Presidente daba una cadena, las colas frente al consulado eran impresionantes, no sé como será ahora, ahora en cualquier parte del mundo hay un venezolano”.

Leonardo le debe a Venezuela lo que es, eso lo tiene claro. “Desde hace 11 años escribo guiones para tv, pero comencé como actor, haciendo comerciales de televisión”, agrega, tras enumerar las producciones en las que trabajó: “Muñeca de Trapo, luego Trapos Íntimos en RCTV, en la que interpretaba un personaje muy interesante, la novela tuvo que ser recortada porque fue la época del paro, el ataque contra los medios por lo que se tuvo que reducir los exteriores y con ello se redujo el guión”.

- Luego estuve en Miami haciendo La Caribeña, una telenovela para una televisora local de Miami, eso me ayudó a entrar a la escuela de Alberto Gómez, que es un gran dramaturgo del género rosa y es a lo que me dedico ahora, hago guiones para telenovelas y radio novelas en México. Recientemente estuve dialogando para la novela Natalia del Mar.

En la actualidad trabaja en una obra de teatro en la que actuará junto a la actriz Elizabeth Morales bajo la producción de Arnaldo Tejera, todos venezolanos. “Trata el tema de la separación, una pareja del tercer piso que se hicieron novios muy jóvenes, él piensa que ella lo engaña con otro y ella que él la engaña con otro, a través de una terapia se desarrolla una trama divertida con pinceladas de realidad, pero siempre utilizando la realidad”. La misma será estrenada en Canarias en septiembre.

En cuanto a la posibilidad de volver a su país, Leonardo es enfático al decir que por razones de trabajo iría sin pensarlo mucho, a vivir de nuevo, no se lo ha planteado. “Uno no debe decir de esta agua no beberé, el ejemplo son mis padres, ellos en un momento se fueron a Venezuela porque aquí no se podía vivir, no por el tema de la inseguridad, sino por el económico, el Bolívar  entonces valía mucho más que la peseta, quien iba a decir que sus hijos se iban a regresar porque iba a ocurrir lo mismo en Venezuela, quien sabe, la vida es cíclica, quizás me toque regresar de nuevo.



Porque mi salud esta primera
Leo no sólo dejó en Venezuela una carrera como actor, sino también a grandes amigos y lo más importante su familia. Cree que el sacrifico vale la pena, tomando en cuenta el estrés al que estaba sometido debido al caos y la inseguridad que reina en la capital de la República. Aclara que cada vez que puede toma un avión y regresa a su tierra, donde disfruta de las playas cálidas y de la alegría que caracteriza a los venezolanos.

lunes, 2 de julio de 2012

La historia de dos imágenes con una intrigante similitud

28 de marzo de 1993. Kilómetro 57 de la ARC

Dos tragedias inmortalizadas 
a través de un click
Daniel Murolo 
Diario La Región
Entre ambas hay casi dos décadas de diferencia. Tomadas por testigos presenciales de hechos aislados ocurridos en tiempos y puntos geográficos distantes, guardan entre si una intrigante similitud. Fernán y Deysi lograron captar para la historia en imagen la desolación dejada por dos emblemáticas tragedias.

Una en blanco y negro, la otra a full color. En ambas el protagonista es un autobús convertido en amasijo de hierro sobre un pavimento agrietado por el intenso calor de las llamas, socorristas consternados por lo ocurrido le otorgan el “elemento humano” y en primer plano, el cuerpo de una de las tantas víctimas de la tragedia.

La primera fue tomada el 28 de septiembre de 1993 a la altura del kilómetro 57  en la Autopista Regional del Centro; Fernan Hernández fue el primer reportero gráfico en llegar al lugar, ubicado muy cerca de Las Tejerías, población aragüeña.

29 de diciembre de 2011. Kilómetro 04 de la Panamericana

El hecho ocurrió a las 7:45 a.m, hora de mayor tráfico en dirección a la ciudad de Caracas. Una excavadora de la empresa española Abengoa que hacía trabajos para la instalación de un cable de fibra óptica en un lateral de la autopista perforó el gasoducto de la sociedad Corpoven, filial de la estatal Petróleos de Venezuela. La explosión, con una onda expansiva de 200 metros, fue inmediata.

La bola de fuego envolvió los vehículos que en cola avanzaban lentamente producto de los trabajos. Aunque más de una docena de carros resultaron calcinados, Hernández, reportero gráfico, centró su atención en el autobús.

“Habían muchos cadáveres -cerca de 50 personas murieron calcinadas- diseminados en los cuatro canales de la ARC, pero ver aquella unidad colectiva quemada completamente, parcialmente destruida por las intensas llamas, era desolador; esa instantánea resumía la magnitud de la tragedia”, recuerda Hernández.

“El calor era tan intenso que las suelas de mis zapatos se derretían”, recuerda el reportero; “la enorme llamarada de fuego se podía observar desde varios kilómetros de distancia, era algo subreal”.

El relato de Fernan es dramáticamente similar al de Deysi Peña, quien casi 20 años después, el 29 de diciembre de 2011, presenció y registró para la historia una gráfica similar.

A diferencia de lo ocurrido en la ARC, en el kilómetro 4 la Panamericana  se desató el infierno luego de que el conductor de una gandola cargada con combustible perdió el control y se encunetó derramando la gasolina. En cuestión de segundos un auténtico río de fuego consumió varios vehículos, entre los que se encontraba una unidad colectiva.

“Aunque lo primero que vi al llegar fue la gandola aún en llamas, mi atención, al igual que la de todos los que allí estábamos, era el autobús, pues hasta ese momento desconocíamos cuantas personas habían dentro”, recordó.

Aquella tarde Peña hizo cerca de un centenar de fotos de lo ocurrido; “sin embargo al momento de tomarla supe que esa era la que estaba buscando”. La misma no sólo fue publicada en el diario La Región, sino también en primera página de La Verdad (Zulia) y reproducida en varias paginas web nacionales e internacionales.

 
“Varios días después fue que un compañero de trabajo me comentó la similitud de mi imagen con la famosa foto del autobús calcinado en `La Tragedia de  Tejerías´, fue cuando la busque y la vi”, recuerda.

Más allá del hecho curioso en el parecido de ambas gráficas, Hernández y Peña destacan que queda claro una vez más el poder de la imagen. “No importan los años que pasen, cuando una foto habla por sí sola queda grabada en la memoria de una sociedad, inmortalizando el momento”, sentenció Peña.

Fotos: Fernán Hernández (1993) - Deysi Peña (2011)

jueves, 21 de junio de 2012

Ayúdenme a ubicar a esta parejita

Amor al borde de “El Abismo”

Daniel Murolo 
La Región / Revista Dossier
Sinceramente el nombre de los protagonistas no lo recuerdo. Dejé pasar mucho tiempo entre el día que presencié la escena que me “inspiró” a escribir este post (5 de abril 2012) y el momento en el que me senté formalmente a redactarlo (20 de junio 2012). No me queda otro remedio que bautizarlos, desde ahora los llamaremos J y G.

Serían las 12:30 del medio día. Luego de caminar y pedir cola por más de 13 kilómetros desde el Campamento Catedral, vía El Paují (estado Bolívar), finalmente estábamos en la cima del Tepuy Kanauyén. El esfuerzo había valido la pena. Nos habían descrito "El Abismo", como uno de los lugares más bellos y espectaculares de la Gran Sabana. Pero se quedaron cortos, muy cortos.

Este lugar al que solo se llega caminando (perdí la cuenta del tiempo me eché) es el punto exacto de la geografía venezolana  donde termina la Gran Sabana y comienza la selva brasileña. Mi grupo, compuesto por un par de colegas y amigos, quedamos en silencio ante la impresionante vista.

Durante el ascenso, fueron muchas las personas con las que compartimos el camino, sin embargo un grupo compuesto por unos 15, que previamente nos habían dado la cola en tres camionetas en la que viajaban desde El Paují hasta la base del Tepuy, llamó particularmente nuestra atención. Ya J y G se habían cruzado en nuestro camino.

Nuestro silencio, producto de la contemplación, fue interrumpido por una pareja, dos señores de aproximadamente 60 años de edad que por fin llegaban a la cima, donde al filo del Tepuy J los esperaba impaciente con el resto de la familia.

“Suegros menos mal que llegaron, los traje hasta acá para pedir la mano de su hija”, dijo J, mientras sacaba de su koala una caja con lo que toda mujer desea tener en su dedo anular: una roca brillante.
La escena arrancó aplausos no sólo entre los familiares de J y G, sino entre algunos de los que me acompañaban y digo algunos, porque las chicas, no pudieron ocultar en su rostro una mezcla de envidia (no de la buena), guayabo y asombro.

“Te quieres casar conmigo”, agregó el chico, inyectando emoción a sus familiares y frustración a las solteras que me acompañaban. Sin duda J se la había comido. Lograr arrastrar a toda su familia hasta el punto más alto del Kanauyén,  que por cierto significa "sitio de mujeres menstruando", para pronunciar al borde de un abismo la referida celebre frase, amerita quitarse el sombrero ante él.

Pero a diferencia de lo que yo pensaba y seguramente ustedes piensan ahora, J no es el primero que protagoniza esta escena, digna de un film romanticon de hollywood, en “El Abismo”. En El Paují, abundan las historias como la de ellos.

Unos años atrás un chico caraqueño, tan sudado como J tras el empinado ascenso, le pidió la mano a su chica en el mismo lugar. Unos meses después  volvieron a El Paují a casarse y posteriormente bautizaron a sus hijos (morochos) en la iglesia de este pintoresco pueblo.

Igual ocurrió -según narran los residentes- con otra parejita, quienes retornaron luego de varios años a este punto del sur de nuestro país para montar un negocio y vivir “felices para siempre”.

“Es un lugar mágico, la leyenda dice que pareja que se compromete en el abismo permanecen junta hasta que la muerte les separa”, me explicó una vendedora de miel de la zona, arrancando risas fingidas de las chicas que me acompañaban.

Y algo de cierto debe tener la leyenda. Una de las solteras con las que compartí esta experiencia (si, la que casi estalla de envidia al escuchar a J), terminó enamorándose durante este viaje de un chico de la zona, hasta hoy (junio) siguen juntos. La otra, no pierde la esperanza. 

En cuanto a J y G lo poco que recuerdo es que viven en Cagua, estado Aragua, que ella estudia en San Juan de los Morros y que se lanzarán al agua (Dios quiera y no sea al abismo) a finales de este año. Acá les dejo la foto que les tomé, si los conocen díganle que con gusto los acompaño a brindar (o por lo menos avísenle que son famosos).  

Fotos: Daniel Murolo

miércoles, 18 de abril de 2012

Un rincón asombroso donde culmina la Gran Sabana



El Paují
y su catedral





Daniel Murolo 
La Región / Revista Dossier 
Toda catedral que se precie (si no sería una iglesia) exhibe orgullosa un campanario, al menos una docena de vitrales, un gran altar, confesionarios, bancos y un pobre pidiendo en la puerta (imprescindible). Pero la que se encuentra en la vía hacia El Paují, al sur del Estado Bolívar, a unos 75 Kilómetros al oeste de Santa Elena de Uairén, no necesita nada eso.

No tiene imágenes, altas columnas, claustro o sacristía. Su principal atractivo es su enorme bóveda creada por las ramas de los frondosos árboles centenarios que la rodea; cúpula natural que resguarda celosamente una de las mayores “reliquias” de la Gran Sabana: una cascada de 15 metros de altura conocida como Salto Catedral.

Nadar en sus frías aguas rojizas energiza el cuerpo y hace olvidar el largo trayecto para llegar hasta ella. El recorrido desde Santa Elena se hace en poco menos de dos horas, por la carretera de tierra que conduce a Icabarú, una vía con vista a inmensos tepuyes, flanqueada de selvas impenetrables y extensas sabanas.

Se abandona la comodidad del vehículo (rústicos) faltando unos 12 kilómetros para llegar a El Paují; el sendero que lleva al salto está ubicado justo en el “Camping Catedral”, un restaurante con área para acampar propiedad de la familia Amiel.

La caminata es de unos 15 minutos por un sendero bien señalizado y sin mayor dificultad. La vegetación tupida impide ver el salto hasta que se está a escasos 20 metros. El pozo sobre el que cae la cascada es poco profundo, rodeado de piedras y con un piso de arena rosada debido al gran número de minerales que posee.
Acampar en la zona, que es mi recomendación, es toda una experiencia. La familia Amiel, que llegó a la Gran Sabana hace más de 25 años procedente de Israel, logró crear un campamento con ambiente familiar en estrecha comunión con la naturaleza.

Para quienes disfrutamos dormir al aire libre, ofrecen una amplia zona de camping, donde por sólo 40 Bs. por vehículo puedes armar tu carpa y tener acceso a duchas y baños. Igualmente tienen hospedaje en cabañas equipada con agua caliente, ubicadas en medio de la selva, con capacidad para 4 y 6 personas. 

Pero sin duda lo mejor de Camping Catedral es su restaurante, atendido por Orinoco, Lior y Hod (hijos de Josy e Irit), ofrecen desayunos, almuerzos y cenas, expertos en comida vegetariana elaborada con productos del huerto familiar.
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Es imperdonable pasar por allí y no probar el vino, las infusiones y la mermelada de malva (flor de jamaica), hechos por Irit; así como los jabones de tierra, propóleo y miel, esta última famosa por su alta calidad procedente de floración amazónica salvaje; todos estos productos  elaborados artesanalmente en base a cosecha ecológica, 100% pura y natural.

En la zona, famosa luego que en 1942 un minero descubriera el diamante más grande de Venezuela y uno de los diez más grandes del mundo, tiene otros sitios de extraordinaria belleza natural que debe conocer, mi recomendación: El Abismo.

Ubicado a 20 km del campamento, justo en la población de El Paují, es un mirador al que se accede subiendo una montaña, la sensación es abrumadora, es estar en la cima de un tepuy contemplando desde lo alto la imponente selva amazónica. Literalmente es el punto donde culmina la Gran Sabana.


El contacto para pasar unos días en este lugar único, donde se aprende, sin mucho esfuerzo, a vivir y escuchar el silencio, el ambiente natural y ser parte de él, es el amigo Gerardo al teléfono 0414-2183184, quien se encarga de hacer las reservaciones.

Fotos: Daniel Murolo  

viernes, 30 de diciembre de 2011

Trece muertos tras estallar una gandola de combustible en la Panamericana



“Toda mi familia iba en el autobús” 


Daniel Murolo / Pola Del Giudice
La Región / La Voz 
“Mi mamá, un tío y mis primos iban en ese autobús; solo sé que 4 de ellos están gravemente heridos en el hospital de Coche pero mi mamá y mi prima murieron”,relató visiblemente afectado y aún sin poder creerlo, Carlos, quien llegó al kilómetro 4 de la carretera Panamericana

La vía expresa que comunica la capital de la República con los Altos Mirandinos se vistió de luto la tarde de este jueves cuando una gandola cargada de combustible se encunetó y al derramar la carga la combustión hizo que los ocho vehículos que venían detrás se incendiaran  y calcinaran por completo; entre ellos un autobús de la línea Caracas - Los Teques que venia cargado de pasajeros. 
La familia entera de Carlos venía de pagar una promesa en la iglesia Santa Teresa y regresaban a su casa en la capital mirandina.  La progenitora de Carlos, Mariana Gómez y su sobrina Yarima, de 20 años, fallecieron calcinadas dentro del autobús. No había reporte de haberlas trasladado a algún centro asistencial. 

Los 15 pasajeros del colectivo que lograron salvarse fueron socorridos por conductores y vecinos del sector La Invasión, quienes bajaron rápidamente a prestar ayuda. Todos los lesionados fueron trasladados al hospital Periférico de Coche, según informó el comandante de los Bomberos Metropolitanos, William Martínez, quien se trasladó al sitio del siniestro.

Sobreviviendo al infierno
Oswaldo, Gustavo, Carlos e Isabel lograron sobrevivir al río de fuego. Aunque se desplazaban en vehículos diferentes, terminaron juntos al fondo de un barranco al costado de la Panamericana, escapando de la llamarada de fuego provocada por la explosión. 

El carro de Isabel Martínez, un Corolla, quedó completamente calcinado a pocos metros del cisterna. “Sólo recuerdo que los carros que venían delante de mi frenaron bruscamente, coloqué la luz de emergencia, no entendía lo que ocurría hasta que el vehículo que estaba delante estalló”. 

“Estoy viva”, agrega la mujer con quemaduras en el rostro y las manos mientras narra su experiencia. “Comence a ver cómo la candela envolvía mi carro, no recuerdo como me bajé, sólo sé que comence a correr en dirección del fuego hasta que un hombre me tomó del brazo y me lanzó al barranco”. 

El hombre fue Carlos García, quien viajaba en dirección contraría (San Antonio - Caracas) a bordo de una camioneta Caribe junto a su cuñado y un bebé. “Nosotros quedamos atrapados entre el fuego del cisterna y el autobús”, agrega. “Solo recuerdo el río de gasolina corriendo por la vía, metí la camioneta hacia el monte, bajé a la familia y les grité que corrieran hacía el barranco, fue cuando ayudé a Isabel”. 

El carro de Oswaldo Cabrera, un joven residente de San Antonio de los Altos, quedó a escasos metros del de Carlos. Slo recuerda haberse bajado y esconderse entre los matorrales. Incrédulo narraba como el soplete de fuego alcanzó los 150 metros de altura; seguidamente vio cómo el resto de los automóviles se envolvían en llamas. “El último en prenderse fue el autobús”. 

Gustavo Adolfo Bello agradeció a las cooperativas de  fuegos artificiales que están ubicadas cerca del Poliedro de Caracas; “al ver lo que ocurrió vinieron con los extintores y ayudaron a rescatar a la mayoría de los que iban en el autobus, entre ellos dos menores de edad cuya madre no pudo ser rescatada”. 

13 muertos 15 heridos 
En el conteo de los heridos se precisó que hay 7 mujeres, 5 hombres y 3 niños lesionados. El chofer salió ileso del suceso aunque se encuentra en estado de shock. 

William Martínez declaró que se comprobó el derrame de 36 litros de combustible, lo que ocasionó la explosión. El comandante del Cuerpo de Bomberos del Distrito Capital dijo que estimaban que en nueve horas se restablecería el paso que estuvo restringido hasta pasadas las 10 de la noche. Las autoridades desalojaron primero los ocho vehículos involucrados y luego los restos de la gandola que se incendió por completo.

El director nacional de Protección Civil, Luis Díaz Curbelo, señaló que el incendio fue totalmente controlado gracias a las acciones de los bomberos metropolitanos y del estado Miranda. Al menos 100 apagafuegos estuvieron en el lugar en compañía de efectivos de Polimiranda, Polinacional, Protección Civil Miranda y  Polisalias, quienes acudieron a prestar ayuda y a rescatar a las víctimas.

“Se salvó de milagro” 
Agustin Zamora, residente de Los Teques, fue el único sobreviviente en presenciar cómo el conductor de la gandola logró brincar de la cabina y correr en dirección contraria a las llamas para salvarse. A los segundos escuchó la explosión. 

“Eran las 2:14 aproximadamente. Yo venía pasando cuando veo que viene una persona corriendo por el medio de la Panamericana (conductor), traté de orillarme pero tenía muchos carros atrás; en ese momento alcancé a ver que corría el combustible prendido quemando los carros que venían subiendo”, narró.gf 
Fotos: Deysi Peña 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Hoy se cumplen 18 años de la llamada “Tragedia de Las Tejerías”

28-S de 1993: 
el día que una bola
de fuego calcinó 
50 vidas en la ARC

Fernán Hernández fue uno de los primero reporteros gráficos en llegar la mañana del 28 de septiembre de 1993 al km57 de la ARC. Sus imágenes le dieron la vuelta al mundo.
Daniel Murolo
Diario La Región
Martes 28 de septiembre 1993. 7:45 am. Más de 50 personas mueren carbonizadas y medio centenar lesionadas con graves quemaduras tras ser sorprendidas por una inmensa bola de fuego que, provocada segundos antes por una explosión, irrumpió de forma voraz y devastadora en la autopista de mayor tráfico del centro del país.

Fernán Hernández fue el primer reportero gráfico en captar en imágenes la mayor tragedia de la historia registrada en la Autopista Regional del Centro. El hecho ocurrió en el kilómetro 57 y convirtió en cuestión de segundos una zona de montaña baja, en un infierno donde las llamas llegaron a alcanzar casi los 50 metros de altura.

 “El calor era tan intenso que las suelas de mis zapatos se derretían”, recuerda el periodista, “la enorme llamarada de fuego se podía observar desde varios kilómetros de distancia, era algo subreal”.

La llamada “Tragedia de Las Tejerías”, que llenó de luto a Venezuela, ocurrió a las 7:45 am, hora de mayor tráfico en dirección a la ciudad de Caracas, “esa es la razón por la que tantas personas murieron” justo en los limites entre los estado Aragua y Miranda.

Las imágenes captadas por Hernández muestran, entre otros detalles, el autobús carbonizado en el que falleció la mayoría de las víctimas, entre las que se recuerda una conocida modelo de la ciudad de La Victoria, así como un efectivo policial y varios niños.

El hecho ocurrió cuando una excavadora de la empresa española Abengoa, que hacía trabajos para la instalación de un cable de fibra óptica en un lateral de la autopista, perforó un gasoducto de la sociedad Corpoven, filial de la estatal Petróleos de Venezuela. El gasoducto se encontraba, al parecer, a un metro de profundidad y por él circulaba gas licuado de alta peligrosidad.

La explosión, con una onda expansiva de 200 metros, fue inmediata. Muchos cuerpos fueron encontrados a varias decenas de metros del epicentro de la explosión. “Salieron expulsados como balas, cayendo sobre los techos de casas cercanas”, recuerda. Años después, a unos 5 kilómetros del lugar fue encontrada una osamenta a orillas de la ARC, las autoridades aseguraron, tras realizar varios análisis, que se trataba de una de las víctimas.

Al cumplirse hoy 18 años del hecho, Hernández asegura que lo vivido aquella mañana marcó su vida para siempre, “no sólo me tocó ser testigo presencial de un suceso tan dantesco, sino captar aquellas imágenes de desolación para la historia, ese es el verdadero trabajo de un reportero gráfico”.

Responsabilidad
La falta de respuesta por parte del Estado venezolano llevó a los familiares de las víctimas a crear la fundación 28 de Septiembre, la cual emprendió una demanda en Estados Unidos contra la AT&T, empresa norteamericana de telecomunicaciones que contrató a Abengoa para colocar el cable de fibra óptica telefónica. Esta demanda no tuvo lugar una vez que la corte de Georgia en Estados Unidos remitiera el caso nuevamente a Venezuela por ser netamente nacional.

Una vez conocida la decisión, el 27 de octubre del 2003 la fundación 28 de Septiembre introdujo una demanda ante el juzgado 3° de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil bajo la tutela de la juez Lisbeth Segovia.

Para ese momento se conocen dos culpables que fueron señalados y sentenciados el 14 de mayo de 2004 por la Sala Penal del TSJ y decide condenar a 12 años de prisión a Henry Prada y Reyes Camache, operarios de Abengoa, por "homicidio intencional a título de dolo eventual".

Un año mas tarde, el 11 de mayo de 2005, la Sala Constitucional del TSJ revocó la sentencia penal, mediante recurso de revisión, dejando en libertad a las dos personas acusadas por tal hecho.

Para el 6 de junio de 2006, la Sala Político Administrativa condena a Abengoa a pagar Bs. 86 millones de bolívares a Corpoven por daños físicos y morales, siendo el único beneficiado hasta el momento.

"El juez Mario Popoli inició de oficio el proceso Penal dictando 25 autos de detención, los cuales fueron revocados por la juez suplente Ligia Uzcátegui quién fue asistida en Nueva Esparta por el ex-magistrado Román Duque Corredor hermano de Luis Enrique Duque Corredor, para entonces Gerente de Corpoven, hoy Pdvsa" refirieron los voceros.

Los familiares de las víctimas todavía confían en que se hará justicia, a fin de que termine el viacrusis en el que ya llevan 18 años.